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22/2/13

Actos Preparatorios Punibles

Los actos preparatorios son comportamientos anteriores al comienzo de la ejecución material del delito que se caracterizan por ser actuaciones externas, percibidas sensorialmente por terceros y objetivamente peligrosas, que están dirigidas intencionalmente a la posterior ejecución y consumación de determinados delitos. Nuestro Código Penal recoge un sistema de numerus clausus en relación con los actos preparatorios, de modo que sólo serán punibles cuando así se prevea expresamente en relación con los tipos penales correspondientes (por ejemplos son punibles los actos preparatorios de homicidio doloso y asesinato -art. 141 CP).

Hay tres clases de actos preparatorios punibles:

. Conspiración (art. 17.1 CP): dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito y deciden ejecutarlo (coautoría), de modo que el factor desencadenante que puede acabar en la lesión del bien jurídico es la decisión firme (dolosa) de todos los conspiradores de ejecutar el delito. Es necesario que el plan de actuación sea viable (no lo sería, por ejemplo, si tres sobrinos toman la decisión conjunta de contratar a unos boys para causar la muerte por sobreexcitación de su anciano y lujurioso tío).

. Proposición (art. 17.2 CP): el que ha resuelto cometer un delito invita (inductor) a otra u otras personas concretas (inducido/s) a ejecutarlo. Igualmente es necesario que el proponente actúe con dolo y que el proyecto delictivo sea viable.

. Provocación (art. 18 CP): existe cuando directamente se incita por medio de la imprenta, la radiodifusión o cualquier otro medio de eficacia semejante que facilite la publicidad, o ante una concurrencia de personas, a la perpetración de un delito. A diferencia de la proposición, la provocación va dirigida a personas indeterminadas.

Se castiga también como forma de provocación la apología, entendiendo por tal la exposición, ante una concurrencia de personas o por cualquier medio de difusión, de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor. Para ser punible, la apología debe constituir, por su naturaleza y circunstancias, una incitación directa a cometer un delito.

Tanto la provocación "genérica" como la apología se castigan como inducción en caso de que una tercera persona lleve a cabo la ejecución del delito.

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